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A partir del siglo XII hasta el siglo XIII, tanto el Rey Carlos III, el Virreal Don Juan Diego Vicente Güemes y Carlos IV, vieron la necesidad en esa época de construir Cementerios fuera de la ciudad, poblados o aldeas, para garantizar agua potable a las comunidades, porque el brote de enfermedades infecto-contagiosas, como la varicela, sífilis, fiebre, peste, sarampión, fiebre amarilla, estaba acabando con los habitantes de estos poblados.
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| Porque las personas los enterraban en los caminos vecinales, calles de la ciudad, iglesias, basílicas y patios de los hospitales de esa época. Aunque los más pudientes construían y enterraban a sus familiares en monumentos que ellos construían o rentaban para darles cristiana sepultura a sus familiares. Fue a partir del 1787, cuando el rey Carlos III estableció la construcción de espacios urbanos fuera de la ciudad. Pero en 1881, fue cuando se elaboro un reglamento para un nuevo modelo de cementerio municipal de la ciudad, que establecía diversas instrucciones que debían ser respetadas al pie de la letra por las autoridades de la nueva Necrópolis, las que hicieron extensivas también a los nuevos cementerios particulares. Allí se anotaban que habría cinco (5) tipos de inhumaciones diferentes que son:
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